Muchas veces nos preguntamos si nos estamos volviendo locos por la vida sana (mis padres los primeros). Creemos que es algo que se han inventado los millenials, una nueva estrategia de marketing, o que las nuevas generaciones vienen muy flojitas y exigentes.

Yo también me lo he pregunté durante mucho tiempo, hasta que dí con el quid de la cuestión. ¿Te has parado a pensar en cómo era la vida de tus abuelos o tus padres con tu edad? ¿Qué experiencias habían vivido comparado con las que has vivido tu? ¿Cómo era su día a día, qué comían, dónde veraneaban, qué hacían los fines de semana?

No somos conscientes de que no estamos en una era de cambio, estamos cambiando de era.

Internet y las nuevas tecnologías nos llevan la oficina a casa, nos acercan a mucha más gente, nos dan acceso a más información, más facilidades para viajar y hacer cosas. Descansar es una palabra que ha dejado de entrar en nuestro vocabulario porque somos la generación de las experiencias, las aventuras y no queremos perdernos nada. Sin embargo, ¿a qué precio vivimos?

Nuestro cerebro funciona de manera automática y tiene la misma respuesta si nos llega un email del jefe o si salta una alarma de incendios, y este nuevo estilo de vida que hemos adoptado nos lleva al estrés crónico.

Vivimos sobrepasados por la vida, nos dejamos llevar y vivimos en piloto automático, atropellados por la rutina. ¿Cuántas veces al día te paras a no pensar en nada? ¿Cuántas veces al día dejas que tu cerebro descanse?

Mi vida cambió el día que alguien me preguntó: ¿y qué pasa si no vas a esa cena porque estás cansada? La respuesta: NADA. Vivía empeñada en no perderme ni un plan para no decepcionar a nadie hasta que me di cuenta que me estaba perjudicando a mi misma.

Si a esto le añadimos los cambios en la nutrición actual (los azúcares y cereales refinados, los alimentos procesados, refrescos, snacks fritos, etc.) nuestro cuerpo ya cortocircuita. ¿A que tu abuela no desayunaba galletas Dinosaurio con Nesquik cuando era pequeña?

Cuidar tu alimentación, hacer deporte, descansar, entender cómo tus emociones afectan a tu cuerpo y a tu manera de pensar y de actuar: te ayudarán a encontrar el equilibrio en tu día y a tomar decisiones conscientes.

Priorizate primero: tus ambiciones, tu vida, tu futuro, cómo quieres vivir… Es el primer paso para encontrar la felicidad y la seguridad en uno mismo.

Photo by Allie Smith on Unsplash